Sueños que se transforman en carbón
Laura León Bedoya - Colectivo de Periodismo El Suroeste
Juan Esteban Vélez, un joven de 20 años, se enfrenta cada día a los peligros del socavón. La minería no le gusta mucho pues quería ser un soldado; sin embargo, con este trabajo logra sostener a su esposa y a su hija: “no pensaba tener una familia tan joven, ni desempeñarme como minero, quería ser un soldado profesional…no hice lo que quería en la vida pero igual vamos pa’ adelante”, expresa con firmeza.
Juan Esteban vive en Angelópolis, alcanzó a cursar solo hasta el grado décimo porque a sus 17 años formó su familia con María Cristina Borja García. El fruto de esta relación fue Luciana Vélez Borja. Por ella vive luchando en la mina, asegura.
Con familia a bordo, Juan Esteban tomó entonces el camino de la minería, dado que es el más rentable económicamente pues “El café es más barato” y dice que no le alcanzaría para cubrir sus gastos. Además la extracción de carbón es el principal renglón económico del municipio.
Con el pasar del tiempo, experimentando e inhalando el pesado y viciado aire en el socavón, se volvió un hábil minero, consciente de que este es un arduo trabajo: “los horarios habituales en la mina son de 6:00 a.m. 3:00 p.m. pero la mayoría de veces me toca trabajar de 6:00 a.m. a 6:00 p.m.”, cuenta.
Trabaja toda la semana de sol a sol y descansa solo un día, el domingo: “cuando va terminando la semana uno ya se va sintiendo cansado y solo poder descansar el domingo es algo bastante duro”.
En un día normal de trabajo emprende su camino hacia la mina a las 5:00 a.m. Desayuna a las 08:00 a.m., almuerza a las 2:00 p.m. y sigue laborando hasta terminar la jornada aproximadamente a las 6:00 p.m.
Al llegar a su hogar disfruta de su familia y de lo que queda de la luz del día. Aprovecha para también realizarse un buen aseo personal y así borrar de su cuerpo los rastros que el carbón deja, aunque estos van curtiendo la piel poco a poco.
Ya junto a sus seres queridos toma la cena a las 8:00 p.m. después puede aprovechar el tiempo que le queda para conversar con ellos un rato y luego se va a dormir, no sin antes pensar qué tan duro será su trabajo al día siguiente: “uno siempre piensa si va a volver a ver la luz del día o si va a volver a ver su hija, pero todo lo hago por ella y por mi esposa”.
Él quiere salir de la mina para poder alcanzar un mejor futuro junto con su familia, piensa que “la mina es muy dura, es algo que le toca a uno hacer por obligación”. Sin embargo, como siempre lo ha dejado claro, es Luciana la que lo motiva a seguir adelante, la que lo hace soñar que algún día podrá emprender nuevos proyectos para que los sueños que aún tiene no se queden encerrados en el socavón.
Juan Esteban y su familia